El domingo 13
de mayo de 1934, el Estadio de Montjuïc, en las cercanías de Barcelona, fue
testigo de uno de los combates más importantes que se han visto en ring español
alguno y sin duda, el más importante hasta esa fecha. Al menos por las
características del evento, pues en el mismo escenario el propio Uzcudun se
había enfrentado al italiano Primo Carnera a finales de 1930. El enfrentamiento
fue vendido como una gran revancha, ya que el púgil vasco y Max Schmeling con
anterioridad habían chocado en Estados Unidos.
Fajador vs Estilista |
El promotor
visible del acto fue Joaquín Gasa, empresario y propietario del Teatro Olympia.
Sin embargo, no estaba solo, sino que contó con el apoyo (y casi dirección) de
un grupo de empresarios foráneos capitaneados por Daniel Strauss. Strauss y su
inseparable (a partir de aquí también lingüísticamente lo serían) socio Jules Perlovitz
se estaban empezando a dar a conocer en España como hombres de
negocios, así que este evento les abriría numerosas puertas. Especialmente
algunas de las que querían para la consecución de su verdadero objetivo, que no
era otro que introducir un nuevo modelo de ruleta, amañada, en los casinos en
unos tiempos en los que el juego estaba prohibido, para lo cual urdirían toda una red de sobornos.
Pasado el
combate, este asunto acabaría en un escándalo político que acabó con la carrera política del expresidente de gobierno Alejandro Lerroux, al estar implicado
su sobrino. Con un pequeño papel en tal historia aparecen también Gasa y puede
que hasta Uzcudun, que se dice llegó a ser chófer de Strauss a raiz del combate. Tal fue la
relevancia del mismo, que los nombres de los protagonistas dieron lugar a la
palabra estraperlo, que quedó como sinónimo de tema turbio, ilegal (de Stra-uss y Perlo-vitz)
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Uzcudún, uno de nuestros mejores púgiles |
Paulino
Uzcudun había nacido en 1899 en Errezil (Guipúzcoa) y de joven había sido aizkolari. De aquí pasó al boxeo, donde había debutado
profesionalmente en septiembre de 1923. Al año siguiente se proclamaba campeón
de España al noquear a José Teixidor en París (por lo que creo que no se validó
el combate, aunque posteriormente sería nombrado campeón). Tras batir en la
Monumental de Barcelona al italiano Erminio Espalla (1926), se convertía en
monarca europeo de la división pesada y se le abrían las puertas de América.
Primero Cuba y, después USA, con peleas en el Yankee Stadium y el Madison
Square Garden.
En verano de
1927 volvería a pelear en Europa, defendiendo su título europeo, combate tras
el que marcharía nuevamente al continente americano. Son 4 años de grandes peleas (aunque
regrese fugazmente a España y pelee en Barcelona con Primo Carnera) donde
combate con Schmeling, Risko y obtiene la mejor victoria de su vida: en Reno
contra el futuro campeón mundial Max Baer. A partir de aquí le sobreviene un
bajón que hace que tras una sola victoria por cuatro derrotas, regrese a
España. En 1933 reaparece en los rings de nuestro país y en mayo recupera el cinturón
de campeón de Europa, lo que le permite hacer un segundo enfrentamiento con
Carnera, esta vez en Roma y bajo la atenta mirada de Mussolini. El gigante
italiano no podrá noquear, como había prometido, al bravo púgil español, quien
es despedido por el público con aplausos. Su siguiente pelea sería el rematch
con Schmeling.
Por su parte, Max
Schmeling, que viviría 99 años, debutaba en 1924, convirtiéndose pronto en
campeón alemán y europeo del semipesado. Ya en la máxima división, conseguiría
el entorchado nacional antes de partir para Estados Unidos, donde se daría a la
fama tras ganar a Johnny Risko en la pelea del año de 1929. Un año después se
proclamaba campeón del mundo (NYSAC y NBA) al derrotar por descalificación a
Jack Sharkey ante 80.000 espectadores, en combate recordado por ser el primer
campeonato que acababa en descalificación (golpe bajo). Tras una defensa, los
cinturones le serían arrebatados por Sharkey en la revancha, un resultado muy
controvertido. Tras acumular 2 derrotas en sus únicos combates en año y medio,
volvió a Europa, donde se embarcaría en el combate con el púgil vasco.
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El gran Max Schmeling |
Como se ha
mencionado, esta era la segunda vez que los púgiles se iban a enfrentar. La
primera se había producido el 27 de junio de 1929 en el Yankee Stadium de Nueva
York en combate pactado a 15 rounds y ante 40.000 espectadores. El combate
comenzó frío pero el español pronto pudo meter su tremenda izquierda y en el
tercero hizo tambalearse a su rival. Este aguantó y tomó el control de la
pelea, aunque en el 8º Uzcudun volvió a estremecer al teutón. Los últimos rounds
fueron de una extraordinaria valentía por parte del vasco, quien a pesar del
castigo recibido pudo mantenerse en pie, haciendo gala de una tremenda quijada
y un corazón inmenso, dos de las principales armas que caracterizaron su
tremenda carrera. La victoria había sido por puntos para el centroeuropeo y
ambos púgiles tuvieron lesiones durante el pleito.
Este segundo
enfrentamiento llegaba casi 5 años después y a pesar de la publicidad de la
época, lo cierto es que ambos púgiles no pasaban por su mejor momento. Habían
regresado de Estados Unidos y buscaban una victoria de importancia que les
permitiera reivindicarse y atraer los focos. Además, Uzcudun era un hombre de
35 años ya, con forja de 50-15-2 y que había vivido siempre de una asombrosa
capacidad de absorción de golpes, por lo que se creía podría estar en su fase
declinante. El alemán era más joven, estaba menos castigado y contaba con
45-7-3 como récord.
El boxeo era
por entonces muy popular en España (hablamos de la época de la II República,
para los que erróneamente sólo lo asocian al Régimen de Franco) lo que junto a
las intenciones de Gasa y, sobre todo Strauss, llevó a una excepcional campaña
publicitaria. Schmeling, que se lesionó en los meses previos, hizo su
entrenamiento en Sitges y participó en toda clase de actos sociales con
políticos e incluso estrellas traídas de Hollywood para la ocasión. En este
ambiente, el manejador del alemán, el hombre del sempiterno puro, Joe Jacobs,
se movía como pez en el agua. Tanto dinero se invirtió en estos aspectos, que
la inversión no llegó a recuperarse, pese al éxito de público. Por su parte, el
púgil vasco prefirió las montañas de su tierra natal para estar lo más aislado
posible de los focos.
Los días
previos al combate la expectación era inmensa. El español salió el jueves de
San Sebastián en una caravana de unos 40 coches. Al llegar el viernes a Martorell, otros
50 llegados de Barcelona le esperaban para iniciar la marcha hasta la ciudad
condal, recibiendo regalos y aplausos en las localidades que atravesaban y
siendo recibido por una multitud en Las Ramblas. El sábado se producía el
pesaje en las oficinas del diario El Mundo Deportivo, con el alemán marcando 85
kgs y Uzcudun 94,500, algo por encima de lo que solía pesar. No faltó la polémica
con árbitros y jueces, protestado por el equipo de Schmeling. Tras algún
momento tenso en el que se rumoreó que el alemán no pelearía, finalmente se
aceptaba la propuesta española. Juan Casanovas era el árbitro (con derecho a
puntuación), mientras que los señores Juvé (Federación Catalana) y Piñeiro
(Federación Castellana) serían los jueces.
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Imágenes del pesaje |
El domingo,
las puertas del Estadio de Montjuïc (inaugurado en 1929 y sito a los pies de la
montaña mágica) se abrieron a las 10 de la mañana. Nada más y nada menos que 35
combates esperaban a los espectadores. A las 11 comenzaban los primeros. Para
ello, se dispusieron 3 rings, en cada uno de los cuáles se harían 10 combates a
4 rounds, que debían comenzar al mismo tiempo en cada ring. Esto duraba hasta
las dos de la tarde. Tras media hora de descanso aprovechada para retirar los
dos rings laterales, en el central comenzaría Fillo Echevarría vs Eugene
Catrain, seguido del cubano Cheo Morejón contra el holandés Rienus de Boer y
del gran Ignacio Ara contra Costas Vassis, de Grecia, todos ellos a 10 rounds. Tras el plato fuerte, la
jornada la cerraría el legendario púgil local y excampeón de Europa pluma (que
el año siguiente llegaría a disputar el mundial NBA en el que resultaría su último combate), Josep
Gironés, que ganaría al francés Leo Hermal.
Llegado el
momento esperado, cada uno de los púgiles trató de ser fiel a su estilo. Schmeling
era un hombre muy técnico, de grandes movimientos y con una derecha demoledora:
el estilista. Uzcudun era el fajador, un hombre de mandíbula granítica que
todavía no había puesto la rodilla en la lona, que buscaba vaciar al contrario
atacando sin descanso aun a riesgo de llevarse manos y con una buena izquierda.
El primer round fue de estudio, aunque un upper del alemán bien lo pudo
decantar de su lado. El segundo y el tercero ven la ofensiva del español, que
sin embargo es parada bien por su rival, que se sale y logra mantenerlo a
distancia, llegando a veces con dureza al rostro del bravo Paulino. Los dos
siguientes rounds siguen la misma pauta: Uzcudun busca a su rival de manera
constante, pero la esquiva y técnica de este hace que en pocas ocasiones lo
encuentre, mientras que él logra meter certeras manos. El cuarto es parejo,
pero el quinto cayó claramente del lado del centroeuropeo, quien tendría uno de
los sus mejores rounds en el siguiente, el sexto, cuando con un crochet abre la
ceja izquierda del vasco. En la esquina tratan de parar la hemorragia, pero
esta vuelve en el curso de los siguientes tres minutos.
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Instantáneas de la tarde mágica |
El octavo
pareció más igualado, pero en el noveno una derecha cruzada del alemán abre un
corte en el pómulo izquierdo de Paulino, zona que también comienza a sangrar. En
el décimo, con Max certero, no son pocos los que creen que el combate, pactado
a 12 rounds, no llegará a su fin. Sin embargo, el antiguo aizkolari podía ser
un púgil veterano, haber estado en mil batallas y llevar la pelea cuesta abajo,
pero tenía un corazón que no le cabía en el pecho. Así que cuando todo parecía
perdido, en uno de sus múltiples ataques, lanza una terrible izquierda al
mentón de su adversario, quien nota el golpe claramente. Uzcudun se vaciará
lanzando todo lo que pueda para anotarse el round claramente. El último asalto,
aunque no llegue a esos extremos de dominio y haya buenas manos por parte de
ambos contendientes, también será para el local.
Con una
multitud, sobre 30.000 espectadores, entregada a los dos colosos, se espera el
veredicto del combate. La mayoría, la verdad, ha visto a un alemán más
dominador, aunque reconocen la valentía de Uzcudun. Pero en líneas generales y
a pesar de la reacción final, este había perdido la contienda. En el fallo, el
señor Jové da ganador a Schmeling. Los señores Casanova y Piñeiro,
dieron un empate. Así, pues, la decisión era Empate Mayoritario (lo que se
conoce, también y quizá erróneamente, como combate “nulo”). Entre el público más silbidos que
aplausos, que sí arreciaron cuando el alemán marchó para el vestuario.
Schmeling, en
entrevista posterior, afirmó que creía haber ganado claramente el combate y que
en Estados Unidos lo hubiera hecho por KO técnico, ya que hubieran parado la
pelea por los cortes o inferioridad técnica del español. Este, por su parte, afirmó
que no, que en aquel país él hubiera sido el ganador a los puntos por haber
hecho mejor los rounds finales. Las espadas quedaban en todo lo alto, lo que
llevaría a una tercera pelea entre ellos, el año siguiente y en Berlín, donde
el local ganaría por puntos. Sería la penúltima batalla pugilística de Uzcudun, que se
despediría del boxeo profesional en diciembre de 1935 perdiendo por KO (el
único de su trayectoria) en el Madison contra… Joe Louis. Precisamente, contra “el
bombardero de Detroit” mantuvo dos legendarias peleas el alemán, pero esa es
otra de las HISTORIAS DEL BOXEO a la que algún día puede que le dedique unas
líneas.